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Camino de tierra entre dos hileras de agaves espadín, con el cerro al fondo bajo la primera luz del día

El ritual

Cuando la primera luz toca los agaves, comienza un camino que llevaba años preparándose.

Desliza para comenzar
Joel Santiago, maestro mezcalero, de perfil con sombrero, ante un muro de ladrillo

— 01 · El guardián

El guardián del ritual

Joel Santiago Hernández

Maestro Mezcalero

Hay conocimientos que solo la tierra enseña.

En Santiago Matatlán, Joel aprendió de su padre, Don Tacho, un oficio que se ejerce con humildad, paciencia y respeto.

Para él, cada agave tiene su tiempo.

Y saber reconocerlo es donde comienza el ritual.

Un jimador de camisa azul y sombrero limpia una piña de agave recién jimada, en medio del campo

— 02 · La jima

El llamado de la tierra

Todo viaje comienza con una decisión.

En el nuestro, la toma la tierra.

Durante años, el agave permanece bajo el sol, recibiendo agua, resistiendo estaciones y dejando que el tiempo haga su trabajo.

Al amanecer, los jimadores reconocen las plantas que finalmente están listas para comenzar el camino.

Pero todo lo que nace de la tierra, tarde o temprano, debe encontrarse con el fuego.

Un hombre con playera de Once Espíritus alimenta el horno de tierra entre el humo, con las piñas tatemadas en primer plano

— 03 · El horneado

El umbral del fuego

Lo que la tierra guardó durante años, el fuego comienza a revelarlo.

Bajo piedra y tierra, el agave cambia lentamente.

El calor despierta sus azúcares y el humo deja una huella que permanecerá mucho después de que las llamas desaparezcan.

Lo que el fuego despierta, la piedra deberá liberarlo.

La piedra de la tahona sobre las piñas de agave cocidas, con la fibra abriéndose bajo su peso

— 04 · La molienda

El pulso de la piedra

La fuerza ahora se convierte en pulso.

Bajo el peso de la piedra, las fibras del agave comienzan a abrirse.

Lo que permaneció guardado durante años empieza finalmente a entregarse.

Cuando la piedra termina de hablar, el aire continúa el relato.

Tinas de madera llenas de fibra de agave fermentando, vistas de cerca

— 05 · La fermentación

El aliento del tiempo

Aquí no manda la prisa.

El agua se encuentra con el agave y el aire entra lentamente en la historia.

Durante días, la naturaleza continúa trabajando donde las manos se detienen.

El líquido respira.

Espera.

Cambia.

Lo que aprendió a respirar ahora debe encontrar su esencia.

Alambique de cobre montado en su horno de ladrillo, en la penumbra azul del palenque

— 06 · La doble destilación

La esencia

El fuego regresa.

Esta vez no viene a transformar, sino a separar.

Entre cobre, vapor y paciencia, lo innecesario queda atrás y lo esencial continúa su camino.

Dos veces atraviesa el alambique.

Hasta que solo permanece aquello que buscábamos desde el principio.

Un hombre mayor con poncho de lana, los ojos cerrados y la mano al pecho, de pie entre los agaves de Santiago Matatlán

— 07 · El agradecimiento

La devolución

Antes de terminar, agradecemos.

Porque nada de esto comenzó en nuestras manos.

Comenzó en la tierra.

Lo que recibimos de ella se reconoce con respeto.

No como un final, sino como un recordatorio: durante todo este camino solamente acompañamos algo que empezó mucho antes que nosotros.

El camino sigue

Así se hace Once Espíritus.Lo demás es tuyo.